Te das cuenta de que necesitás desenchufar tu cerebro cuando soñas que el gráfico del informe de laboratorio te va a salir mal o cuando fijas tu mirada en la cortina durante la cena tratando de encontrar la manera de demostrar que justo aquel límite de doble variable tiende a 39. Bueno, hay gente que se da cuenta de otras maneras.
Cuando estoy muy atareada o preocupada por "X" razón suelo hacer cosas que me distraigan. Hay gente que sale a pasear, pero yo soy medio (¿medio?) ermitaña y tiendo a optar por otras posibilidades. Hay gente que toma cursos de idiomas, por ejemplo. Me encantan los idiomas, pero creo que si estoy estresada por la facultad, tomar más clases que requieran el razonamiento del cerebro y que manden tarea no ayuda. Hay gente que va a danza: jazz, contemporáneo, salsa, etc. Esto queda completamente fuera de cuestión. Si las babosas bailasen, tendrían mas gracia que yo.
Me encanta devorar libros y cuando los termino y si me gustaron, re-devorarlos. Otra cosa me FASCINAN son las manualidades. Supongo que es porque requieren de mucha paciencia en general y de que tu materia gris se concentre en que el papelito quede bien pegado al palito. El otro día, después de tirar por ahí los libros de matemática, completamente frustrada porque no me salía nada, empece a hacer cuentas para cortinas/pulseras hechas de páginas de revistas. Llevo 20 hechas (en tres horas), y para hacer una cortina me faltan muuuuuchas más todavía.
Pero descubrí otra manera de des-atarearme. Cocinar. Sí, sí, obligar a mi humanidad a levantarse de la silla y dirigirse a la cocina. Ojo, no soy ni Narda Lepes, ni Francis Malman, ni Choly, ni nada de eso. Pero me encanta experimentar. Entrar a mezclar cosas y ver que sale, amo lo dulce, amo lo salado... ni siquiera se si existe alguna comida que haya probado y que no me guste! Antes en el cajón de los condimentos de mamá había un fraquito con orégano. Ahora tenemos un poquito más de frasquitos: pimienta, nuez moscada, ají molido, tomillo, pimentón dulce, y por supuesto, el orégano. Además, hay caldos para saborizar y siempre hay algun morrón, que me encanta agregar a las tartas/revueltos de verdura/rissoto/lo que sea. Lo que mejor me salen son las empanadas de atún y la empanada gallega. Y lo digo porque tengo en mi casa a un crítico culinario MUY exigente.
Esta genial trabajar/estudiar de lo que te gusta. Pero de vez en cuando hay que dejar que el cerebro descanse y disfrutar las cosas simples de la vida. Hay que encontrar cómo nomás.